La violencia contra las personas trans no es un hecho aislado ni puede quedar reducida a un episodio que genera indignación durante unos días en las redes sociales. La agresión sufrida a trabajadoras sexuales trans en los Bosques de Palermo, entre la noche del domingo 1 y la madrugada del lunes 2 de noviembre, expuso una vez más una realidad que muchas veces permanece invisibilizada: la discriminación y la violencia que atraviesan cotidianamente las diversidades.
Según la información difundida, un grupo de entre 50 y 60 jóvenes persiguió, insultó y atacó a las trabajadoras con palos, ramas, conos de tránsito y piedras. Incluso, los propios agresores filmaron las escenas y compartieron los videos en redes sociales. La dimensión del episodio provocó el rechazo de artistas y referentes del espectáculo, entre ellos Maria Becerra, Emilia Mernes, Lali Espósito, Nicki Nicole, ROZE y Bautista Mascia, quienes se expresaron públicamente y llamaron a participar de la próxima Marcha del Orgullo.
Que estas figuras utilicen sus plataformas para visibilizar lo sucedido tiene un valor que va más allá de una publicación. En un escenario donde la violencia puede naturalizarse o quedar rápidamente fuera de la agenda, amplificar el reclamo contribuye a que lo ocurrido no pase inadvertido. Sin embargo, la condena pública debe ser apenas el comienzo: también hacen falta políticas concretas, acceso a la justicia y condiciones que garanticen una vida libre de violencia y discriminación.
Una marcha que todavía tiene mucho que reclamar
Este sábado 7 de noviembre se realizará la 35° Marcha del Orgullo de Buenos Aires, que partirá desde Plaza de Mayo hacia el Congreso bajo la consigna "El orgullo al poder, el odio al carajo". La cercanía entre el ataque y la movilización vuelve a poner en primer plano el sentido de una convocatoria que no se limita a celebrar las identidades, sino que también exige igualdad de oportunidades y el cumplimiento efectivo de derechos.
Las cifras permiten dimensionar por qué esa lucha sigue siendo necesaria. Según los datos difundidos por la Asociación Civil Mocha Celis, la expectativa de vida de las travestis y mujeres trans en Argentina continúa alrededor de los 35 años. A esto se suma la dificultad para acceder a empleos formales, sistemas de salud y espacios educativos en condiciones de igualdad.
El balance de trabajo de la organización durante 2025 también muestra tanto las necesidades como la importancia de las redes de acompañamiento: registró 6.000 atenciones vinculadas con el acceso a derechos, 40 inserciones laborales en el sector privado y una base de más de 900 personas travestis, trans y no binarias en búsqueda activa de empleo formal. Además, 600 personas reciben mensualmente asistencia alimentaria a través del programa Teje Solidario.
Estos números no son simples estadísticas. Detrás de cada uno hay personas que encuentran obstáculos para acceder a derechos básicos y que necesitan respuestas concretas. La inclusión no puede depender únicamente de iniciativas individuales o de la voluntad de organizaciones sociales: debe ser una responsabilidad colectiva.
Cultura, celebración y compromiso
En este contexto, la unión de Fiesta Polenta y la Asociación Civil Mocha Celis propone llevar ese compromiso también al espacio cultural. Ambas organizaciones participarán de la Marcha del Orgullo con una carroza propia, en una iniciativa que busca combinar celebración, visibilidad y reivindicación de los derechos de las personas travestis, trans y no binarias.
La propuesta también pone en discusión el rol de los espacios culturales y de entretenimiento: construir ámbitos seguros, generar oportunidades laborales y promover la inclusión son acciones que pueden acompañar los reclamos que se expresan en las calles.
El Orgullo es celebración, pero también memoria y lucha. Es la posibilidad de ocupar el espacio público, expresar una identidad sin miedo y reclamar aquello que todavía no está garantizado. Por eso, frente a hechos de violencia como el ocurrido en Palermo, marchar sigue siendo importante. Porque ninguna persona debería tener que exponerse a una agresión por ser quien es, y porque los derechos no se garantizan solamente con discursos: necesitan respeto, compromiso y acciones concretas.