Iguales pero también diferentes, muy diferentes o bastante parecidas. Así fueron y son en los relatos novelados de la Biblia, los hermanos Caín y Abel, o si preferís el malo y el bueno. O quizás el verdugo y la víctima según los analistas y psicólogos universales. En realidad e hilando fino, también se podrían visualizar con el derrotero mediático de las hermanas Wanda y Zaira Nara. Las de la televisión, los titulares rimbombantes, las tapas de revistas y diarios, y la de los escándalos más gigantescos y también los que mantienen en vilo a la gente y a los medios.
La pionera y la que trazó el camino de sus vidas y sus carreras fue y es Wanda. Sin dudas la más popular, la que habla en el idioma de los barrios, la que va siempre con el acelerador a fondo, sin importarle quien se plante enfrente. En la jerga tribuna sería definida como “la popu”. La fina, la glamorosa, la estratega, la silenciosa y la que siempre sale bien parada aunque le toque bailar en el barro es Zaira. La “Fifí”, el día y la noche, entre dos hermanas que llevan el mismo apellido y que surgieron de la familia que fueron esbozando.
De menor a mayor, Nora Colosimo y Andrés Nara, para armar una familia que no dista mucho de aquella histórica y desopilante serie televisiva y mundial “La familia Adams”. Porque los Nara pueden transitar risueñamente de la comedia de sus acciones a las tragedias cotidianas de personajes que no dejan de sacudir y aprisionar las atenciones de la gente que las ama y las odia en un mismo movimiento.
A la hora del escándalo evidente y explosivo, es Wanda la que se anima a hablar de mujeres zorras, dar nombres y apellidos de parejas infieles, de juntarse con personajes siniestros y carcelarios, como también asumir con coraje y llanto un diagnóstico publicado en los medios de la temida leucemia y contar cómo le tuvo que explicar a su familia el asumir una enfermedad lacerante como el cáncer con el coraje que lo hizo y hace.
En cambio Zaira es la bella recatada que se formó en la escuela del glorioso y epopéyico Pancho Dotto que le enseñó los secretos de cómo caminar en espacios tan voraces como la tele, las fiestas glamorosas, los desfiles, las producciones ambiciosas y las fieras de la jungla. La morocha, a diferencia de la rubia, es silenciosa, pensante, cauta, hábil declarante como para caminar por el fuego y las brasas ardientes sin quemarse.
Tanto Wanda como Zaira pueden ser indistintamente Caín y Abel, como en la Biblia, siendo buenas o malas, piadosas como agraviantes, escandalosas como recatadas, sonsas como despiadadas porque así son las Nara, con las miradas y las guías de sus padres, Nora y Andrés que cuando aparecen estalla el mundo pero siempre para cobijar, apuntalar y orquestar los mejores recursos para sus hijas, que triunfan y se golpean naturalmente sin dejar un segundo el centro de la escena ¡Te lo digo yo!