Catalina Rautenberg: "De chica creía que era Raffaella Carrá: la amo"

Escrito el 10/01/2026

RECUERDOS QUE NO VOY A BORRAR. "Sentaba a mis compañeritos de la escuela y bailaba. Estoy hablando de Bordenave, un pequeño poblado. Siempre tenía esa mirada estética, le ponía cadenitas al corpiño y me cortaba el pelo como ella”, cuenta la ex modelo y actual diseñadora a DiarioShow.com.

Antes y después de viajar por el mundo desfilando para los diseñadores más importantes y posando para los fotógrafos y las marcas de moda, hubo una pequeña Catalina Rautenberg que también vivió en constante movimiento a partir de las mudanzas con su papá o su mamá, disputas judiciales de por medio, y una actual, ya de 54 años, que hace casi una década eligió por cuenta propia escapar una vez más del ruido de las urbes para refugiarse en Traslasierra, Córdoba, sitio donde continúa creando sus diseños de indumentaria basados en el cuidado del medio ambiente y el recupero y la reutilización de materiales.

“Mis padres se separaron cuando yo tenía tres años. Tengo como flashes de mi infancia, pero hay un recuerdo muy tierno, no sé cuántos años tenía, cinco o seis, tal vez un poquito más. Era el Día del Niño, yo estaba mirando tele. Vivía en Córdoba, cerca de la Plaza Colón, a una cuadra, con mi papá. Él vino con un disfraz de El Zorro, me lo puse y jugamos a que lo perseguía porque tenía un regalo más grande y la idea era atraparlo y conseguir ese regalo y cuando finalmente lo logré, era una caja de Rasti, creo que era la número 7, la más grande, la que más ladrillitos tenía”, cuenta a DiarioShow.com quien antes de esa recordada estadía cordobesa pasó sus primeros años junto a su madre en un lugar de la precordillera catamarqueña llamado Copacabana y, ya más cerca en el tiempo, vivió en Bordenave, un pueblo perteneciente al partido bonaerense de Puan, y en Villa Dolores, también en Córdoba, entre otros sitios. 

Luego, sigue: Jugaba con cualquier cosa, al ser una chica del interior, vivía bastante alejada de las jugueterías, entonces jugaba con trapitos, con ramas, con palitos, inventaba casitas en el patio de casa. Pero tenía una muñeca muy querida que se llamaba ‘La pelada’ porque en esa época no tenían el pelo injertado en la cabeza, sino que venían con un agujero y de ahí salía la peluca. La cuestión es, que después de tantos años de uso, la peluca se fue despegando y se quedó sin pelo. Me acompañó durante muchos años ‘La pelada’”.

La Catalina que está por lanzar su plataforma de cursos y talleres online, además de encabezar un proyecto relacionado con la identidad regional junto a la Universidad Provincial de Córdoba y de retomar las emisiones en vivo de los lunes desde YouTube, acepta, a pedido de DiarioShow.com, seguir reflexionando sobre esos tiempos infantiles: "¿Qué es lo que añoro de aquella época? No añoro demasiado, no soy de añorar, sí de recordar. O sí tal vez añoro, pero sin deseo de volver a esa época. Sí recuerdo mucho, y con mucho cariño, escenas de mi infancia y mi adolescencia como data histórica de lo que soy. Mis últimos años, más allá de las distintas circunstancias, tienen una esencia muy similar, con una dinámica íntima muy particular, a la de mi infancia”.

Los papás de Catalina Rautenberg se separaron cuando ella tenía tres años, por lo que ella terminó viviendo un tiempo con cada uno en distintos lugares del país. 

“Comparando aquellos tiempos con estos, hay algo que se arraigo mucho en mí que fue justamente esto de haber vivido una niñez con un padre y el otro en distintos lugares, por lo cual cree como un mundo personal en el cual, entre comillas, vivía. Esto de jugar solo en casa. Jugar con cualquier cosita, hacer de una caja un piano. Pero, pese a ser una chica de pueblo con un entorno muy sereno, también era muy curiosa, vivaz y creativa. Y eso es algo que habita en mí hasta hoy y es algo bueno”, considera.

Y continúa: “Lo peor, aunque fue natural, fue esto de andar de un lugar al otro, pero no sé de la vida de otra manera. De ser de un lado y del otro y de ningún lado y de todos, me parece que desde ahí reside mi fortaleza y surge este mundo que voy creando con cada cosa que hago y en cada lugar que vivo. No es algo peor, en realidad, porque lo convertí en algo bueno o en algo que me ayudaba a crecer. Tal vez veía a mis amiguitos que tenían una dinámica familiar diferente, pero no lo deseaba”.

El cierre, en tanto, es con música: “Amaba a Parchís y a Raffaella Carrá. Yo creía que era Raffaella Carrá. Vivía en Bordenave en esa época y yo creía que era Raffaella Carrá. Sentaba a mis compañeritos de la escuela y bailaba. Estoy hablando de Bordenave, un pequeño poblado. Siempre tenía esa mirada estética, le ponía cadenitas al corpiño, me cortaba el pelo como ella y es el día de hoy que la amo. A Margarito Tereré, también. Y me acuerdo que cuando vivía en la precordillera catamarqueña tenía el disco de La Pantera Rosa y lo escuchaba a todos volumen”.

La música de su infancia incluye a Parchís, Raffaella Carrá y a las canciones del programa de Margarito Tereré y La Pantera Rosa, entre otros temas.

LAS 5M

Messi: un grande.

Maradona: un dios.

Milei: el presidente.

Mirtha: chapeau.

Mi mamá: única. La “m” más grande de todas las 5M.