Por Ariel Guglielmetti.
El 13 de octubre se convirtió en una fecha especial en la vida de Cristian Velázquez. Primero fue por recuperar el alivio de volver a ganar después de meses de recuperación. Un año más tarde, la alegría de conquistar el Jockey Club con Stay Tune. Dos triunfos unidos por el calendario y el esfuerzo de un jockey que, aun con una mano operada y una pierna enyesada, sólo pensaba en regresar.
En un mano a mano con Crónica, el jockey repasó ese camino y descubrió una coincidencia: el 3 de octubre de 2025 volvió a ganar con Escarapelita, después de una lesión y de 165 días sin triunfos. Exactamente un año más tarde conquistó el Jockey Club. "Qué increíble, no me había dado cuenta", respondió.
La rodada con Forty Deseada en San Isidro había interrumpido una etapa que recuerda entre las mejores de su carrera. "Estaba pasando por uno de los mejores años de mi carrera y de pronto llegó ese accidente que derrumbó todo", contó. A las lesiones les siguieron meses sin competir y sin el contacto cotidiano con los caballos.
El sostén de Eugenia, su pareja, fue fundamental. "Tengo a mi compañera de oro Eugenia a mi lado", destacó. La describe como una persona fantástica, a quien ama y agradece por haber hecho más llevadera la recuperación. También reconoce la ayuda de su suegro Gabriel y de la familia, propietarios de El Olimpo.
Nunca pensó que no podría volver al mismo nivel. Sabía que los accidentes eran un riesgo de su profesión y concentró sus energías en recuperarse. "Solamente pensaba en recuperarme de mis lesiones y volver muchísimo mejor de lo que era antes", aseguró.
La primera vez que volvió a subirse a un caballo le produjo una sensación "espectacular e inexplicable". Después llegó la victoria con Escarapelita, una potranca de la familia que lo había acompañado durante la inactividad. El regreso al triunfo tuvo, también, valor afectivo.
Apenas 36 días después ganó el Nacional con Gordianus, preparado por Hugo Pérez. Fue el primer Grupo 1 de El Olimpo. "Haberlo podido lograr con ellos fue un sueño maravilloso hecho realidad", expresó. La alegría reunió al jockey con sus seres queridos en una carrera que todos deseaban ganar.
Con el Jockey Club entre sus conquistas, sigue buscando mejorar. Pero cuando habla de los sueños pendientes, pone por delante algo que ninguna copa puede reemplazar: "Lo que más quiero y deseo es tener buena salud". "Tengo fe, me mantengo positivo que todo llega", concluyó.
La decisión que marcó su consagración en San Isidro
Tati Velázquez recuerda el desarrollo del Jockey Club desde un lugar distinto al de quienes miraban la carrera. "Creo que fui el que menos sufrió", bromeó. Arriba de Stay Tune, su atención estaba puesta en el caballo y en las decisiones que debía tomar.
El equipo esperaba un desarrollo rápido. La idea era largar bien y ubicarse cerca del sexto puesto, donde el potrillo pudiera viajar cómodo. Pero apenas abiertas las gateras, el jinete sintió que le costaba seguir el ritmo. Intentó sostener el planteo y no encontró la respuesta esperada.
"Tomé la decisión de confiar en mi instinto y en el caballo", explicó. Lo dejó encontrar su propio ritmo y buscó que recuperara una buena acción. Al llegar a los 800 metros sintió que Stay Tune ya se había acomodado. Entró a la recta convencido de que podía ganar, aunque evitó exigirlo demasiado pronto. Esperó antes de pedirle el esfuerzo definitivo. La respuesta fue una atropellada que lo llevó a la gloria. "Hicimos buen equipo, nos ayudamos mutuamente", resumió.